Terrenos estratégicos: el activo que comienza a definir dónde seguirán creciendo los data centers en el país
Aunque Santiago concentra la mayor parte de la infraestructura, encontrar espacios que reúnan las condiciones técnicas para nuevos desarrollos se ha convertido en uno de los principales desafíos del sector. Aquí, especialistas ahondan en los criterios requeridos para seguir construyendo y en los pasos que debe dar la industria para impulsar su expansión.
El crecimiento de la economía digital sigue acelerando el desarrollo de centros de datos en el país. De acuerdo con el informe Chile Data Center S2 2025 de Cushman & Wakefield, la capacidad operativa instalada en Santiago creció de 182 MW a 279 MW entre el primer y el segundo semestre del año pasado, mientras la vacancia cayó desde 23,4% a apenas 4,3%, reflejando una demanda continúa que supera la oferta. A ello se suma una cartera de proyectos que considera 106 MW en construcción y otros 275 MW en desarrollo, con inversiones superiores a US$ 4 mil millones. Actualmente, la capital concentra 39 data centers que son operados por 21 empresas.
La mayor parte de esa infraestructura está en la Región Metropolitana, señala Natalia López, gerente general de la asociación Chile Data Centers, y la razón es el tipo de terrenos que, en su momento, estuvieron disponibles, además de lo que estaba cerca de ellos: “Esa concentración responde a la disponibilidad de energía, conectividad, cercanía a usuarios finales y servicios asociados”.
La distribución también presenta diferencias al interior de Santiago. Según el estudio de Cushman & Wakefield, la zona norte reúne 187,9 MW de capacidad operativa —cerca de dos tercios del total instalado en la capital— y concentra la mayor capacidad en construcción y desarrollo. En contraste, la zona sur registra 50,6 MW en operación, mientras que el sector nororiente, pese a contar con una menor capacidad instalada, concentra una parte importante de los nuevos proyectos.
Aunque el foco continúa estando en la Región Metropolitana, mantener ese liderazgo también enfrenta desafíos. La disponibilidad de terrenos aptos para este tipo de infraestructura es cada vez más limitada, especialmente para proyectos de gran escala.
Rosario Meneses, subgerente de market research de Cushman & Wakefield Chile, explica que los desarrollos de mayor escala —como los data centers de colocación o los destinados a grandes proveedores de nube (hyperscale)— requieren terrenos de más de 25 mil m², ubicados a menos de un kilómetro de una subestación eléctrica, con disponibilidad de agua potable y zonificación industrial. Acota que, a medida que el tamaño del data center disminuye, también hay menos exigencias, superficie, zonificación y energía.

Nuevas oportunidades
“La escasez de terrenos con calificación industrial en Santiago es significativa”, dice Meneses, analizando lo que viene. “A veces existen, pero están fuera del radio urbano y sin agua ni electricidad. Es ahí donde empieza a identificarse que no todos los espacios sirven para este tipo de infraestructura”, sostiene. A ello se suma que la tramitación para habilitar estos paños puede extender los plazos de desarrollo e incrementar los costos de inversión, por lo que la evaluación temprana de las condiciones del terreno resulta clave.
Esa mayor dificultad para encontrar terrenos que cumplan simultáneamente con todos estos requisitos es uno de los factores que, según Natalia López, comienza a abrir oportunidades en otras zonas del país. A su juicio, el norte de Chile aparece como una de las regiones con mayor potencial gracias a su mayor disponibilidad de suministro eléctrico y a los proyectos que ya comienzan a anunciarse.
“La escasez de terrenos con calificación industrial en Santiago es significativa”
Rosario Meneses, subgerente de market research de Cushman & Wakefield Chile
Para Rodrigo Ramírez, presidente de la Cámara Chilena de Infraestructura Digital (Idicam), “el verdadero activo estratégico ya no es solo el suelo, sino la capacidad de ese lugar para integrarse a una red digital resiliente”. Según explica, un proyecto competitivo también requiere múltiples rutas de fibra óptica de alta capacidad y redundancia, acceso a distintos operadores de telecomunicaciones, cercanía a redes troncales nacionales e internacionales, energía confiable y escalable, además de condiciones que faciliten la interconexión con otros data centers, nubes públicas y puntos de intercambio de tráfico.
Rosario Meneses coincide en este punto y plantea la necesidad de mejorar aún más la conectividad con el mundo, pues aunque Chile ya posee ventajas importantes, la incorporación de nuevos cables submarinos y rutas internacionales “fortalecería aún más su competitividad frente a otros hubs regionales como Brasil o México”.



